lunes, 16 de octubre de 2017

La peor sequía en 20 años

España, hacia la peor sequía en 20 años


Esta situación podría derivar en una gran sequía ibérica
La cuenca del Duero y el Tajo, al 49% de su capacidad
El verano comenzó oficialmente ayer a las 6.24 horas de la mañana, dejando atrás la primavera más calurosa jamás registrada. Así lo certifican los datos recopilados a partir de 1965 por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Entre el 1 de marzo y el 31 de mayo de 2017, se registró una temperatura media de 15,4 grados, o lo que es lo mismo, 1,7 grados más que la media en esta época del año.
Una dinámica que se ha acentuado durante las primeras semanas de junio. "Hasta el día 18, el mes registra hasta tres grados por encima de los valores normales", informó ayer en rueda de prensa Ana Casals, portavoz de Aemet.
Según las predicciones que maneja la Agencia de Meteorología, este verano será "muy cálido". Ese pronóstico se traducirá en termómetros que marcarán entre medio y un grado por encima de la media durante esta época del año. Pese a no ser un dato especialmente alto, Casals destacó que "una pequeña variación de la temperatura media en este sentido desemboca en cambio muy grandes, de tal manera que las olas de calor serán más frecuentes".
Junto a esa tendencia calurosa, la otra característica de la primavera que acaba de terminar ha sido su carácter seco en términos generales. Tanto es así que mayo se cerró con un 23% menos que las lluvias medias.
En junio, las precipitaciones "están cercanas al valor normal para esta época del año, y se espera que así continúe siendo durante el resto del verano", apuntó Roser Botey, jefa del área climatológica de Aemet. No obstante, precisó que "al ser meses en los que no suele llover mucho, no esperamos grandes cambios respecto a los registros actuales".
Desde otoño, el norte y centro de la península ibérica sufren una reducción acusada de las precipitaciones que ha desembocado en una sequía preocupante, especialmente en las cuencas del Duero, del Tajo y del Cantábrico Oriental y Occidental.
De hecho, según explican fuentes del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama) a este periódico, la del Duero se encuentra en alerta y se está tramitando la aprobación de un Real Decreto de sequía. Esta cuenca está actualmente al 49% de su capacidad, mientras que en estas mismas fechas hace un año el porcentaje era del 91%, y la media de los últimos diez años es del 83,7%. Por mencionar un ejemplo, el embalse de Almendra (Salamanca), que tiene una capacidad de 2.586 hm3, a 20 de junio de 2017 estaba al 39,83% de su capacidad -con 1.030 hm3 de agua-, cuando hace un año era del 97,87%.
El estado de la cuenca del Tajo es similar: está al 49,6% de su capacidad, y hace un año estaba al 72,9%. Uno de sus embalses, el de Entrepeñas (Guadalajara), está al 14,61% con 122 hm3, y hace un año esta cantidad de agua era más del doble.

El 2% del PIB en peligro

Esta situación podría derivar en una gran secuencia de sequía ibérica, explica a EL MUNDO el geógrafo de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina. "Sería una gran sequía que afecte a todo el país, y cuyo resultado pueden ser graves daños económicos para la agricultura y restricciones de agua en aquellas ciudades que tienen una planificación deficiente de su sistema de abastecimiento", indica. De hecho, puntualiza que en este tipo de situaciones se puede llegar a perder entre el 1% y el 2% del PIB.
"Son grandes secuencias que duran al menos tres años, y con graves efectos económicos", explica. El experto recuerda que, en las últimas décadas, en España se han vivido dos grandes sequías a nivel nacional -la de 1981-84 y la de 1992-95- con estas características. "Y todo apunta a que a que esta podría derivar en una situación similar".
Además, las altas temperaturas previstas para este verano provocarán mayor evaporación, un "círculo vicioso" que agrava la sequía. "Las previsiones del verano no son nada halagüeñas", asegura Olcina.
El experto habla de la sequía como un riesgo "silencioso". "No nos damos cuenta hasta que comienzan las restricciones de agua", afirma.
En las cuencas del centro y norte peninsular ya ha comenzado la restricción de agua para regadío en algunas zonas del Duero. "Podemos llegar a una sequía urbana donde habrá que aplicar restricciones en las ciudades afectadas", sostiene Olcina, aunque matiza que depende de la Confederación Hidrográfica.
Son los Planes de Gestión de Sequía de las cuencas hidrográficas los que establecen los niveles de sequía para cada una. Así, la directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua, Julia Martínez, explica a este diario que los indicadores diferencian cuatro estados: normalidad, prealerta, alerta y emergencia.
"El problema es que estos indicadores mezclan, por un lado, información estrictamente meteorológica con el estado de los embalses", indica Martínez. En este sentido, puntualiza que el agua que acumulan los embalses depende de la gestión.
Aunque la cuenca más afectada es la del Duero, Martínez explica que se ha declarado antes la alerta por sequía en la del Júcar y el Segura. "Llama la atención porque donde más ha escaseado la lluvia es en el norte". En su opinión, esto es por la mala gestión del agua y un exceso de estrés hídrico, ya que el regadío consume en torno al 80% del agua.
No obstante, asegura que no se debe considerar la sequía como algo imprevisto o excepcional. "Son algo normal en nuestro clima mediterráneo, lo que tenemos que hacer es adaptarnos". Así, señala que "la sed de la sequía se apaga en los años de no sequía" con medidas de adaptación que reduzcan la demanda.
Respecto al consumo humano de agua, fuentes del Mapama aseguran a este periódico que, a día de hoy, está garantizado.

Peligros del cambio climático

El 80% de España, en riesgo de convertirse en desierto este siglo por el cambio climático

Un informe del Ministerio de Medio Ambiente advierte de que, a este ritmo, tres millones de hectáreas de las zonas húmedas pasarán a áridas al llegar a 2100
El documento admite que "la desertificación es ya un problema real" en más de dos tercios del territorio, agravado por la falta de lluvias y las temperaturas más altas
El desequilibrio entre el agua disponible y lo que se evapora supone mayor presión sobre los recursos hídricos, pérdida de biodiversidad y menor producción agrícola
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Vista de la zona desértica de Tabernas (Almería).
Vista de la zona desértica de Tabernas (Almería).
Cada país, cada región del mundo, está amenazada de manera diferente por los efectos del cambio climático. Algunos estados-isla del Pacífico se enfrentan a la desaparición física, engullidos por la subida del nivel del mar. España, por su parte, se arriesga a convertirse en desierto. Hasta el actual Gobierno advierte ya de que el calentamiento global amenaza con que, en lo que queda de siglo, el 80% del suelo esté en peligro de desertificarse. Incluidas las cordilleras montañosas del sur, según un análisis del Ministerio de Medio Ambiente de 2016 recientemente publicado en el Portal de Transparencia gubernamental.
La desertificación es la "degradación de las tierras áridas, semiáridas o subhúmedas secas". Esta tipología engloba lo que se considera, de forma más sencilla, "tierras secas". La aridez es el balance entre el agua que hay en una zona y la que se evapora: "Oferta y demanda", especifica el informe titulado Impactos del cambio climático en los procesos de desertificación. Ese índice de aridez implica el riesgo de virar hacia el desierto. En España, grandes áreas caen dentro de estas "tierras secas". Y van camino de extenderse.
El cambio climático, debido a la acción combinada de caída de las lluvias y aumento de las temperaturas, acecha con morderle un bocado de tres millones de hectáreas a la España más húmeda para transformar ese suelo en riesgo de desertificarse. Un 20% de lo que hoy está a salvo pasará a estar en riesgo. "Una aridificación en buena parte de su superficie", han escrito los técnicos de ministerio. "La desertificación es ya un problema real para una parte importante del territorio español ya que a los factores tradicionales se añaden los efectos relacionados con el cambio climático", resumen.
El agua está en el fondo de este asunto. El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) –el grupo científico de la ONU para el estudio del calentamiento global– ha señalado entre los primeros peligros para Europa "la creciente presión sobre los recursos hídricos, particularmente en el sur". Menos agua a disposición. Traducido significa que llueve menos y, además, en episodios más torrenciales y destructivos. "Se agrava el peligro de inundaciones", explica el IPCC. Pero, además, este patrón de precipitaciones también desertifica: "Deteriora la calidad del suelo", señala el panel internacional.
El mapa de las zonas áridas de la España peninsular refleja cómo de noroeste (Galicia) a sureste (Almería o Murcia) las tierras secas son cada vez más secas (llueve solo entre un 5% y un 20% de lo que se evapora). El riesgo de desertificación, en diferentes grados, afecta a 37,4 millones de hectáreas de los 50,5 millones del territorio total.

Ganando terreno hacia el norte 

Los cálculos del informe muestran que el suelo susceptible de degradarse va ganando espacio: la zona norte de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Valle del Ebro, amplias zonas de Cataluña y la submeseta norte se van tornando más secos hasta perder el tono verde de las zonas húmedas. A eso se le añade que las regiones ya áridas empeoran (se vuelven más anaranjadas en los modelos).
De ahí que la España húmeda, que ocupaba un 39% entre 1971 el año 2000, al ritmo actual y con las previsiones disponibles se quede en un 20% al terminar el siglo XXI. La Islas Canarias lo pasarán todavía peor.
El documento indica que se prevé un incremento "muy acusado" de la superficie cuyo balance entre lluvias y evaporación la coloca en la categoría de semiárida, sobre todo en el tercer cuarto del siglo. Pero, al mismo tiempo, destaca que, para el último tercio, los mayores incrementos relativos de zonas en riesgo respecto al año 2000 se van a producir en los suelos con un nivel de amenaza alto o muy alto. Es decir, los peores suelos.
Desertificar un país conlleva consecuencias en muchos niveles. La más obvia resulta la alteración de los ecosistemas que implica "la pérdida de hábitats y de especies", como subraya el IPCC. La biodiversidad se resiente. Esta riqueza natural es uno de las características subrayadas por el Ministerio de Medio Ambiente: España es el país de la Unión Europea que más especies de aves, mamíferos y anfibios alberga y está a la cabeza de superficie incrustada en la Red Natura 2000 de protección ambiental con 222.000 km2
Pero, además de esta relación entre mayor desierto y menor biodiversidad, el panel científico de la ONU recuerda que, junto al incremento de riesgo de los incendios forestales, estas áreas se enfrentan a "extensos efectos negativos en la productividad agrícola en el sur" [de Europa].
El informe abrocha su análisis de la siguiente manera: "Es evidente que los ecosistemas más frágiles, con menos capacidad para adaptarse a los cambios previstos en la temperatura y la precipitación serán los más vulnerables frente a la degradación".

Nos roban las nubes

NOS ROBAN LAS NUBES


chemtrails
En la década de los 80, agricultores de Soria (España), denunciaron que mediante fumigaciones clandestinas realizadas con aviones, les robaban las nubes provocando sequías y fueron tildados de locos por cargos públicos.
Ahora otros agricultores de Levante y de Zamora https://www.youtube.com/watch?v=SJpNNX6jjNo  denuncian lo mismo, pero la respuesta institucional no ha variado.
Sin embargo, documentos oficiales demuestran que en España se llevan realizando experimentos de modificación climática desde el año 1979 con aviones militares o civiles camuflados con la protección del secreto militar.
Lo mismo ocurrió hace unos años en Catalunya. Cuando se pidió explicaciones al Síndic de Greuges (equivalente al defensor del pueblo en España), sobre las prácticas de fumigar nubes, cuando se estaban originando en el pre Pirineo, con la consecuencia de ovejas muertas y sequías persistentes.
La respuesta del Sindico fue , que no podía ir mas allá en la investigación, porque estaba restringida la misma,  escudándose en el secreto militar.
¿Porque los militares siempre pueden actuar con total impunidad?
Simplemente pedíamos de donde despegaban los aviones que fumigaban las nubes, para poder pedir explicaciones sobre que sustancias rociaban las mismas y de paso el resto de animales, plantas y humanos que estábamos debajo de ellas.
Por suerte se está originando un movimiento que plantea de una vez por todas el esclarecimiento de estos hechos http://www.guardacielos.org/
Sólo tenemos un planeta tierra y es nuestro hogar.
Si permitos que cuatro psicópatas manipulen los sistemas climáticos naturales, el resultado será la destrucción de toda la cadena de vida. Tenemos que saber la verdad para poder enfrentarnos a ella, plantarle cara y evitar que estos aberrantes experimentos sigan adelante.
Entrevista a Josefina Fraile , donde nos da detalles de esta manipulación de las nubes.
 http://timefortruth.es/2015/02/14/entrevista-josefina-fraile-manipulacion-climatica-o-geoingenieria/,

La sequía

La sequía en tres actos

La falta de lluvias y la escasez de agua en los embalses golpea ya la agricultura y el abastecimiento de algunos pueblos

El embalse de Belesar, a su paso por Portomarín.
Seco ha vuelto a ser el arranque del llamado año hidrológico, que va del 1 de octubre al 30 de septiembre. Como igual de seco terminó el anterior. En este recién concluido —el 2016-2017— las lluvias han estado en España un 15% por debajo de la media histórica (que se establece con los datos registrados entre 1981 y 2010). Y muchos cultivos se resienten ya, como pasa en el olivar, que espera una campaña con un 30% menos de producción.
España tiene músculo y experiencia para aguantar un año seco. Los problemas comienzan cuando no es uno sino varios encadenados. Y eso es lo que ocurre ahora: desde 2013 todos los años hidrológicos han estado por debajo de la media histórica en lluvias. El resultado es la escasez de reservas de aguas superficiales. Los embalses, según el último dato ofrecido por el Ministerio de Agricultura, estaban esta semana al 38,3% de su capacidad. Aunque España ha registrado varios años durante este siglo en los que ha habido menos precipitaciones, hay que remontarse hasta mediados de la década de los noventa para encontrar una reserva más baja en la misma semana del año. Es la consecuencia de varios años seguidos de sequía meteorológica.
En varias confederaciones hidrográficas —los organismos dependientes del Gobierno central que se encargan de gestionar las cuencas y sus embalses— ya hacen cuentas sobre durante cuánto tiempo está garantizado el consumo humano. Y ese cálculo va acompañado ya de restricciones a los cultivos de regadío o —como en el caso del Duero, en situación oficial de sequía prolongada— de reducción de caudales ecológicos; es decir, disminución de la cantidad de agua que se desembalsa en los ríos de la cuenca para garantizar el abastecimiento de los núcleos de población.
La otra pata afectada por las bajas reservas es la energética: la producción de electricidad en las centrales hidroeléctricas ha caído a la mitad en 2017 por la falta de agua en los pantanos.
El Ministerio de Agricultura hace un completo seguimiento de las reservas superficiales, los pantanos. No ocurre igual con las masas de aguas subterráneas, los manantiales y pozos que también se están secando y que están obligando a abastecer a los pueblos de al menos cinco autonomías con camiones cisterna. Galicia, menos preparada para la sequía, es la comunidad más afectada.

Poda de aromáticas


Trabajo compartido







Llegan los primeros plantones
















Regar, otra tarea fundamental









Patatas


Herramienta: el palote










 No basta voltear la tierra es importante quitar las raíces de las malas hierbas.